¿En qué punto está tu proyecto?

En la creación del proyecto…
Desde “Tengo un título”
Durante mi carrera me ha pasado más de una vez que alguien se acerca y me dice:
PRODUCTOR
Estaba con CENSURADO y le solté un título. Ya no me dejó hablar. ¡Le encantó! Quiere el proyecto.
YO
¿De qué va?
PRODUCTOR
No tengo la menor idea.
Podría parecer raro. Sobre todo porque siempre nos dicen que estudios y plataformas se sienten más seguros cuando hay una montaña de documentos sosteniendo una historia: biblia, arcos, tratamiento, piloto, perfiles de personajes, locaciones propuestas y todos los etcéteras que puedan imaginar.
Pero a veces pasa exactamente así.
Puedo pensar en por lo menos tres series que terminaron llegando a plataformas internacionales y que comenzaron con algo tan precario —y tan poderoso— como: “Tengo un título.”
A partir de ahí hubo que descubrir de qué demonios trataba la serie y construir todo el camino hasta convertir aquella frase en un proyecto realizable.

Pasando por “Ya hablamos, más o menos, de qué se trata”
Aquí ya tenemos algo más.
Un título. Una conversación. “Va de esto.” “Se parece un poco a aquello.” Algún personaje. Una situación.
Pero entre eso y conseguir la luz verde para producir una película o una serie hay bastante carretera.
Ahí puedo entrar para convertir esa primera conversación en los materiales que el proyecto necesita conforme avanza por las distintas etapas de desarrollo y aprobación: desde un one-sheet y una biblia hasta el piloto, en el caso de una serie, o el guion completo de una película.

Cuando se necesita respaldo y experiencia
Desarrollar un proyecto cuesta dinero. Y quienes ponen ese dinero —productoras, inversionistas, estudios, canales y plataformas— quieren saber que detrás de una buena idea hay alguien capaz de convertirla en algo que pueda producirse.
Cuando existe química con el proyecto y con la gente involucrada, puedo incorporarme para aportar experiencia de desarrollo y producción, ordenar el proceso y ayudar a llevar la historia desde la idea hasta una versión sólida y realizable.
Ya he recorrido ese camino antes.

“El piloto —o el guion de la peli— no es lo que queríamos”
También pasa.
Alguien escuchó un proyecto que le entusiasmó. Meses después recibe el guion y piensa:
“Esto no era.”
A veces es relativamente fácil encontrar qué falta: una relación que no funciona, un personaje que ocupa el lugar equivocado, un tono que se perdió, una estructura que no sostiene la historia.
Otras veces empiezo preguntando:
“¿En qué escena sientes que sí está el proyecto que querías hacer?”
Si existe esa escena, tenemos una brújula.
Y ha habido ocasiones en que ni siquiera existe.
Entonces hay que entrar más profundo: reconstruir actos, personajes, tono o incluso reescribir el guion desde cero, procurando conservar aquello que hizo que todos se enamoraran de la idea en primer lugar.
No se trata de imponer otra historia.
Se trata de encontrar la que se perdió por el camino.

“Conseguí una historia buenísima”
Otra parte importante de mi trabajo ha sido la adaptación.
Tomar una historia que funcionó en otro territorio, otra cultura o incluso otra época y conseguir que vuelva a funcionar para un público diferente.
Adaptar no es cambiar nombres, ciudades y restaurantes.
Es descubrir por qué funcionaba la historia original y encontrar la manera de conservar ese mecanismo emocional cuando todo lo demás cambia.
He trabajado trasladando historias entre territorios y formatos procurando que lo que hizo especial al original no desaparezca durante el viaje.

“El showrunner no está”
Lo ideal es que quien crea una serie pueda acompañarla y liderarla durante todo el proceso.
Pero la realidad tiene una desagradable costumbre de no leer los manuales.
Por distintas razones, a veces el creador no puede continuar al frente del proyecto.
En varias ocasiones he tomado proyectos que no fueron creados por mí y he asumido su conducción creativa durante el desarrollo hasta llevarlos a pantalla.
Ahí el trabajo cambia: ya no consiste en imponer mi voz, sino en entender cuál era la voz del proyecto y protegerla mientras se toman cientos de decisiones.

Conformando un cuarto de escritores
Cada serie tiene su propio ADN.
Y por eso no existe “el equipo perfecto de guionistas” para todos los proyectos.
Una comedia necesita determinadas capacidades. Un thriller, otras. Una serie coral exige algo distinto a una historia sostenida por un protagonista.
En más de veinticinco años de carrera he trabajado con una enorme cantidad de guionistas. Conozco cómo trabajan muchos de ellos, dónde son especialmente buenos y para qué tipo de proyecto pueden ser la pieza correcta.
Eso me permite conformar cuartos donde los talentos sean complementarios y conducir el proceso desde los arcos, tramas y personajes hasta los guiones aprobados.
También me gusta incorporar escritores jóvenes.
No para que estén sentados tomando notas, sino para formarlos, darles responsabilidades progresivamente y permitir que su voz vaya ganando peso conforme avanza el proyecto.

Integrándome a un cuarto de escritores
A veces el cuarto ya existe.
El proyecto arrancó, pero algo dejó de funcionar.
No están llegando a tiempo.
Un escritor tuvo que irse.
Los guiones no están siendo aprobados.
Hace falta reforzar un personaje, una trama o un tono.
Me he incorporado a cuartos que ya estaban trabajando para cubrir exactamente el área que necesitaban.
Eso también me ha permitido trabajar con muchos colegas a los que después he seguido encontrando en otros proyectos.
Y he tenido bastante suerte: hasta ahora he trabajado bajo la dirección de showrunners y jefes de escritores brillantes, gente a la que admiro y de la que sigo aprendiendo.
Porque después de veinticinco años en esto, una de las formas más rápidas de volverte idiota es pensar que ya lo sabes todo.

Se cae, se cae… se cayó
Los guiones están aprobados.
Cerrados.
Listos para rodarse.
Y entonces ocurre algo.
Un inversionista desaparece.
Se pierden semanas de rodaje.
Un actor cambia su disponibilidad.
Una locación deja de existir.
La playa ahora tiene que ser una montaña.
El campo tiene que convertirse en ciudad.
Bienvenidos a producción.
Mi experiencia fuera del cuarto de escritores me ha enseñado que muchos de esos incendios también pueden apagarse desde el papel.
Sentándome con producción, planeación, diseño, dirección o el 1st AD —o incluso trabajando directamente sobre la información de Movie Magic— puedo buscar soluciones narrativas que respondan a una nueva realidad de producción sin destrozar la historia.
Después se presentan al cliente, se aprueban y el proyecto sigue caminando.
Ésta es también una de las razones por las que varias producciones con las que he trabajado han vuelto a llamarme.